La paranoia regresó, solo que ahora, en vez de temer que otra mujer se llevara a mi novio, temía que mis propios logros se vieran eclipsados por el encanto y el talento appreciable de mi pareja.

Alabaster me ayudaba a desplazarme por el campus y algunas personas asumieron que hacía mucho más que eso. Durante la cena, mencioné haber leído un correo electrónico y alguien dijo: “¿Quieres decir que Alabaster te lo leyó?”.

Les conté sobre mi programa para leer la pantalla, mi pantalla en braille.

Incluso después de que presenté mi obra, la gente se mostraba más entusiasta por la música de Alabaster y el hecho de que sirvió en las fuerzas militares. Quizá creían que la ceguera me volvía menos accesible. Quizá se preguntaban por qué un chico genial y con vista regular como Alabaster estaba con una mujer ciega que parecía un lastre.

Me gustaría decir que estaba orgullosa y no celosa de la atención que le dieron, pero la falta de equilibrio afectó nuestra relación de una manera que no habíamos vivido en años. Muchas noches en las montañas de Catskill terminaron en peleas y lágrimas.

Comencé a soñar con reafirmar mi independencia, o regresar a mi vida como una mujer soltera valiosa en vez de una compinche ciega. Aunque imaginar mi vida sin Alabaster me permitía ver que, desde luego, podía vivir sin él, también entendí, con una claridad repentina, que no quería estar sin él.

“Estas personas no me aprecian, pero él sí”, pensé.

En la última noche de camaradería con cervezas, alguien dijo: “¿Tú y Alabaster han sido uno de los temas más populares de conversación aquí!”. Y, por primera vez, no escuché en mi cabeza algo como: “¿Qué está haciendo un tipo genial con una mujer ciega?”. Lo que escuché fue: “Hacen muy buena pareja”.

Solo algunos de mis colegas escritores tenían parejas que los esperaban en casa. Entre nosotros había más divorciados y solteros. En retrospectiva, estoy sorprendida de haber olvidado durante esas semanas en las montañas de Catskill que, ciega o no, el amor es fácil de perder y difícil de encontrar.

M. Leona Godin vive en Colorado y está trabajando en una historia private y cultural sobre la ceguera que publicará la editorial Pantheon Books.


LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here